Hanna es una pintora autodidacta que ha dedicado sus últimos doce años
a desarrollar su propia técnica. Durante seis años se dedico a estudiar
en base a reproducción de obras de artistas famosos. A partir del año
2000, crea sus propias obras, en el marco de lo que podríamos denominar
como la "experiencia jerosolimitana", creando su propio idioma
pictórico, una simbología que rescata la fuerza espiritual de la ciudad
santa. En este caso, como en tantos otros, y como ha sido mencionado
reiteradamente, el artista no elige el tema, es el tema el que guía la
mano del artista.
Mas allá de las obras expuestas aquí, sus cuadros se encuentran en colecciones privadas en Estados Unidos, Suiza, Argentina, Brasil, Sudáfrica e Israel.